El valor de un activo inmobiliario no lo fija el mercado: lo fija el uso. Y el uso óptimo rara vez es el uso actual.

Esta es la premisa del análisis Highest and Best Use (HBU), una metodología de origen anglosajón que ha tardado en implantarse en España pero que hoy es la herramienta central de los gestores de activos más sofisticados del mercado.

Qué significa Highest and Best Use

El HBU es el uso que, siendo físicamente posible, jurídicamente admisible, financieramente viable y económicamente óptimo, produce el mayor valor para un activo inmobiliario en un momento dado.

Cuatro filtros, en ese orden:

  1. Físicamente posible. ¿Las características del inmueble permiten ese uso? Estructura, superficies, instalaciones, accesos.
  2. Jurídicamente admisible. ¿El planeamiento urbanístico lo permite? Un edificio en suelo residencial no puede operar como hotel sin cambio de uso.
  3. Financieramente viable. ¿El coste de transformación genera un retorno positivo? CAPEX de reforma más costes de transacción frente al valor final del activo.
  4. Económicamente óptimo. De entre todos los usos que pasan los tres filtros anteriores, ¿cuál produce el mayor valor?

El análisis HBU no responde a la pregunta "¿qué quiero hacer con este activo?" Responde a "¿qué uso produce el mayor valor dado lo que el activo es y lo que el planeamiento permite?"

Por qué es relevante en España ahora

El mercado inmobiliario español tiene un problema estructural que convierte el HBU en una herramienta especialmente valiosa: existe un stock enorme de activos cuyo uso actual no refleja su potencial real.

Edificios de oficinas vacíos en centros históricos que el planeamiento permite convertir en hoteleros. Sedes corporativas sobredimensionadas vendidas por empresas que necesitan liquidez. Locales comerciales en planta baja de fincas residenciales que admiten usos terciarios de mayor rentabilidad. Suelo industrial en polígonos con precedente de cambio de uso a hotelero.

En todos estos casos, el precio de mercado está calculado sobre el uso actual, no sobre el potencial. La brecha entre ambos es donde se genera el retorno para el inversor.

Cómo se aplica en la práctica

Un análisis HBU riguroso requiere integrar tres disciplinas que habitualmente funcionan por separado:

Análisis arquitectónico

Superficies construidas y útiles, estado estructural, viabilidad técnica de las distintas configuraciones de uso, CAPEX estimado por escenario.

Análisis urbanístico

Clasificación y calificación del suelo, usos permitidos y compatibles según el PGOU, procedimientos de cambio de uso, cargas urbanísticas pendientes, catalogaciones patrimoniales.

Análisis financiero

Modelo de ingresos por escenario de uso, estructura de costes de adquisición y transformación, IRR y equity multiple por escenario, análisis de sensibilidad sobre precios y ocupación.

El resultado es una matriz de escenarios que permite al inversor elegir el uso óptimo con datos, no con intuición.

Un ejemplo real: industrial a hotelero

Un edificio terciario-industrial en un polígono del este de Madrid, valorado a precio de activo de bajo rendimiento. El planeamiento vigente lo clasifica en suelo urbano con uso global terciario. El cambio de uso a hotelero es el único uso alternativo admitido.

Aplicando HBU: el activo comprado a precio industrial, reformado para un hotel de tres o cuatro estrellas de 88 a 105 habitaciones, genera un diferencial de valor entre el precio de adquisición y el valor final del activo hotelero que justifica el CAPEX de transformación con un margen de seguridad considerable.

Sin el análisis HBU, ese activo aparece en el mercado como una nave infrautilizada. Con él, aparece como una oportunidad de inversión con retorno cuantificado.

El precio de compra de un activo no refleja su potencial de uso alternativo. Esa brecha es la oportunidad.

La clave que se suele ignorar: el orden de los filtros

El error más frecuente al aplicar HBU es invertir el orden de los análisis. Muchos inversores calculan primero el retorno financiero de un uso deseado y comprueban después si es viable jurídicamente. El resultado son operaciones que llegan a due diligence con una tesis financiera sólida y un problema urbanístico que la invalida.

El orden correcto es inamovible: primero jurídico, luego técnico, luego financiero. Solo así el modelo financiero refleja la realidad del activo y no una hipótesis que el planeamiento puede tumbar.

Puccetti Ronquillo Asset Management

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